MI VIDA COMO

INTÉRPRETE

Ecological System in Office
Ecological System in Office

Mayo 2020.

El mes de mayo está siendo agridulce. Seguimos de encierro. Pero parece que hay luz al final del túnel, que la situación puede mejorar. 

Lo malo es que me da la sensación de que la gente quiere que todo esto acabe para volver a lo de antes, a lo de siempre. Pero es que lo de antes, lo de siempre, es lo que nos ha llevado a esta situación. No podemos viajar como lo hacíamos, ni comer como lo hacíamos, ni tratar a los animales y al planeta en general como antes. No es aceptable. 

Parece que dos meses no han sido suficientes para que las personas que se quejan de no poder salir de sus casas (cómodas casas con baño, agua corriente, cocina, ventanas…) entiendan lo que sufren los animales de granja o de ganadería industrial que viven encerrados sin poder moverse y dando a luz a sus crías entre sus propias heces. Están deseando que se acabe el confinamiento para ir a compartir un chuletón con sus allegados…

Entiendo que es difícil cambiar las costumbres de golpe. Que son cientos de años de hacer las cosas de una determinada manera. Pero también tengo la esperanza de que el ser humano haga honor a ese adjetivo que se ha asignado y seamos inteligentes. Lo suficientemente inteligentes como para entender que nuestra forma de vida no es sostenible y que con el simple gesto de no comer animales ni productos de origen animal uno de cada dos días, el impacto en el medio ambiente sería super positivo. Es el gesto más sencillo y más efectivo que como ciudadanos tenemos a nuestra disposición.

También hay otras cosas que podemos hacer como priorizar el transporte público (el taxi no vale) y pensarse muy mucho si de verdad tenemos que volar tanto, comprar a granel para evitar plástico, echar en un ojo en las tiendas de segunda mano, decirle adiós a la moda sin conciencia…

Pero se me va, aquí no hemos venido a hablar de eso. Hemos venido a hablar de interpretación, de mi vida como intérprete simultáneo. Bueno, miradlo de esta manera; en esta página no hay publicidad, así que en esta ocasión si me has leído hasta el final, te toca tragarte mi mensaje de Pepito Grillo 🙂 Espero que por lo menos hayáis notado que esta es la entrada más corta que he escrito hasta ahora. 

Por los que sí tenéis que sentir pena es por los alumnos del master de interpretación en el que tengo la suerte de participar como profesora/intérprete invitada. A ellos les pongo dos videos para interpretar, uno al inglés y el otro al español. Mientras lo van interpretando voy saltando de cabina en cabina para escucharles y poder valorar lo listos o lo verdes que están. El caso es que últimamente siempre les enchufo algún video de Melanie Joy (¡buscadla, ya estáis tardando!) o de algún médico que alaba la dieta vegana o de algún científico que describe a todo color el problema al que nos enfrentamos con el calentamiento de la tierra. En otras palabras, les doy la brasa a niveles para ellos antes desconocidos, con el propósito de hacer que se planteen dar el paso al veganismo.

Prometido, para la próxima entrada me centro en temas de micro, cabina, toma de notas…  🙂

Edito. Esta entrada la escribí en mayo. Ahora, en agosto, creo que se confirman mis miedos…

COVID-19

La era del COVID 19 está teniendo un impacto tremendo en nuestro sector. En tantos otros también, no pretendo con este post decir que la interpretación esté siendo LA víctima de esta pandemia. En absoluto. Pero como es mi sector, es el que conozco mejor y es del que voy a hablar en este artículo. 

Desde que empezó a temerse por la salud de la gente, empezaron a cancelarse viajes, los ponentes empezaron a avisar de que no participarían en los congresos a los que habían sido invitados, los asistentes también empezaron a cancelar su asistencia y los organizadores tuvieron que tomar la difícil decisión de anular los eventos. En ese momento, cuando todavía no habíamos vivido en nuestras carnes la magnitud del asunto, a veces hasta pensábamos que era un poco exagerado, que tampoco podía ser para tanto y cada cancelación era una pequeña puñalada.

Mi último congreso fue uno de fisioterapia. El congreso más raro de todos los congresos en los que he trabajado. El equipo técnico estaba presente, los organizadores también, los intérpretes estábamos en la sala, metidos en nuestra cabina. Algunos de los panelistas iban llegando para presentar solo durante el momento del día en el que estaban agendados. Y toooodos los “asistentes” seguían el congreso desde sus casas. Ver un panel de expertos debatir los puntos gatillo ante un auditorio vacío es raro, eso seguro, pero también es un poco desesperanzador.

Después de aquél congreso los días 6 y 7 de marzo trabajé tres veces más, interpreté en dos juicios y en un consejo de administración. Y al llegar a aquellos trabajos nos dábamos la mano e incluso dos besos y a todos nos parecía que la gente estaba exagerando con tanto miedo. A toro pasado no puedo evitar pensar en lo tonta que fui y lo osada que es la ignorancia.

El día 11 empezó mi encierro. Me habían cancelado todos los viajes, los trabajos, todo. Llegó un momento que tuve que ir eliminándolos de mi agenda porque se me ponía una mala leche insoportable al ver todos esos trabajos en la agenda cuando en realidad no iba a poder hacer nada… 

Hay días que recibo un WhatsApp de alguna colega (si, uso el femenino, porque a diferencia de la RAE considero que cuando en un grupo hay mayoría de mujeres, por qué no generalizar usando el “ellas”) que me dice “Hoy teníamos que haber estado juntas”. Suspiro. Suspiro porque me encanta mi trabajo en gran parte por las grandes amistades que he forjado por el camino.

Así que han sido 60 días de volver a pensar en qué puedo hacer para mantenerme viva en este sector. Me he estado informando acerca de las plataformas de interpretación simultánea. He hecho sesiones de formación con unas cuantas y me he presentado a varias agencias que prestan servicios de interpretación on line. 

La lucha ahora es hacer entender a las agencias que los pagos por hora son inaceptables. Los intérpretes tenemos que prepararnos igual dure el servicio de interpretación una hora o 3 días, es por eso que asociaciones como AIIC no contemplan la posibilidad de contratar intérpretes por medias jornadas, solo completas, aunque el trabajo no dure finalmente más de dos horas. Tampoco podemos aceptar una bajada de tarifas solo porque trabajemos “desde la comodidad de nuestro hogar”. Trabajar desde casa supone encontrar el espacio idóneo para interpretar sin ser molestado, sin ruidos y sin interrupciones (y esto no es fácil si tenemos en cuenta que algunas somos madres y los niños no pueden ir al cole). Supone poner el equipo técnico (ordenador, cascos, micro de calidad y conexión adsl) y que funcione. Supone formarse para saber usar la plataforma que el cliente escoja. La carga para el intérprete aumenta, por lo tanto la tarifa no debería reducirse.

De hecho estas últimas semanas unos compañeros han creado un grupo y los domingos nos reunimos unos cuantos por zoom para hablar de esta nueva realidad. En general parece haber consenso. Hay que proteger la profesión en esta nueva era. Volveremos a celebrar congresos y reuniones presenciales, pero la interpretación en remoto ha llegado para quedarse.

Traduccion Simultanea
Cabineando

Hola, hola, uno dos, uno dos, probando…

Dieciséis años de profesión y aquí estoy, pensándome la posibilidad de escribir un blog para contar mis aventuras y desventuras en el mundo de la interpretación.

A lo largo de estos años he tenido la suerte de vivir situaciones de lo más disparatadas, divertidas, emocionantes… pero me va a costar discernir entre aquello que se puede contar y lo que debe quedar en el baúl de los recuerdos.

La verdad es que las cosas han cambiado mucho desde que empecé en esto de repetir mensajes en otro idioma. Recuerdo cuando había compañeros que fumaban en la cabina, esa época en la que los congresos duraban un mínimo de 2 días pero podían llegar a durar dos semanas… Una época en la que te confirmaban trabajos con meses de antelación. No había whatsapp, las agencias te dejaban un mensaje en el contestador (del móvil, normalmente, tampoco ha pasado taaanto tiempo) preguntando por tu disponibilidad y si tardabas varios días en contestar, a nadie le subían las pulsaciones. Era una época en la que no era extraño que los colegas cargasen con sus diccionarios técnicos, en papel. Yo era una privilegiada y contaba con un “traductor automático” de la marca CASIO. En realidad era un diccionario electrónico. Tenía el inglés-español y el francés-inglés. Cuando hacía cabina de español-francés alguna vez usé los dos a la vez…

Ahora estamos sumidos en la era de la inmediatez. Todo es para “ahora», para “ya”. Las agencias te mandan un mail o un WhatsApp y si no reciben respuesta en la hora siguiente, lo más probable es que, si el cliente no pidió específicamente que fueras tú, busquen a otro intérprete para el trabajo. Las semanas se van llenando de opciones que se confirman el día de antes del evento. Los congresos también se han visto afectados por esa tendencia. Es mucho más normal tener una presentación (de un estudio sobre el impacto que han tenido los nuevos planes de formación profesional dual en el mercado laboral) por la mañana y una entrega de premios (a los mejores comerciales de una empresa de herramientas para la construcción) por la tarde. Trabajos cortos, rápidos. Pero no por ello más fáciles, ni que requieran menos preparación.

También es verdad que a medida que van pasando los años no es que dejes de prepararte los trabajos ni mucho menos, pero sí que vas viviendo más de las rentas. Aquél congreso veterinario que hiciste hace dos años de cirugía oftalmológica canina, te viene estupendo para el webinario de glaucoma que tienes esta tarde porque puedes reciclar el glosario y completarlo con los términos que van surgiendo a lo largo de tus indagaciones.

Este mundo nuestro de la interpretación va cambiando. Lo hace poco a poco y a veces cuesta darse cuenta. Pero si te paras a mirar atrás te das cuenta de que aunque se parece, éste ya no es el mundo en el que te introdujiste a principios de los años 2000. Seguimos aprendiendo, adaptándonos y disfrutando de cada etapa.